¿QUIÉN ESCRIBIÓ LA BIBLIA?

Richard Elliot Friedman

PREFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN

Han pasado diez años desde que terminé este libro. Desde entonces, han ocurrido algunas cosas interesantes, y también es interesante observar que algunas cosas no ocurrieron. De manera notable, yo había temido que muchos de mis colegas en el campo de la erudición bíblica desestimaran el libro como "popular" -- la condenación final en el mundo académico. Pero, en general, no ha ocurrido así. El libro ha sido citado una y otra vez, es asignado como tarea en clases de universidades y seminarios, y colegas míos han sido extremadamente elogiosos y alentadores en sus comentarios y sus cartas. En esta segunda edición, quiero expresar mi gratitud a mis colegas por el tratamiento que le han dispensado a este libro. Como indiqué en el prefacio original hace diez años, creo que este conocimiento es importante para una comunidad mucho mayor que sólo la de eruditos y del clero. Mi propósito no era el de escribir un libro "popular", sino más bien un libro accesible, abrir este conocimiento a cualquiera que quisiera aprender acerca de él, y mostrar por qué es tan valioso e interesante. La edición estadounidense y la británica llevan en sus cubiertas la aprobación de eruditos de las principales universidades y de seminarios cristianos y judíos para transmitirles tanto a eruditos como a laicos la idea de que ésta es, de hecho, una erudición accesible de la Biblia y no una popularización diluida de teorías marginales.

Por supuesto, ha habido excepciones. Para los colegas que se han sentido libres para desestimar esta presentación, mi ego puede soportar que decidan no citar este libro a causa de su estilo. Pero sería una vergüenza que no se enfrentaran a la evidencia y a los argumentos contenidos en él. Para los que no se sienten obligados a acercarse a obras "populares", hay mis publicaciones más "académicas", y ahora he reunido la información en la manera tradicional, sin embellecimientos, de los eruditos en mis aportes al Anchor Bible Dictionary. En particular, el aporte sobre la "Torá" se propone ser la mayor colección de evidencia hasta la fecha en apoyo de esta hipótesis.

Se había anticipado otra situación, pero no ocurrió: Ha habido un número sorprendentemente bajo de polémicas. Un artículo muy positivo en la página principal del Wall Street Journal hablaba de cómo este libro estaba llevando el debate erudito al escenario público, y preveía considerable controversia. Un relato en U. S. and World Report dijo que este libro promete reavivar el encendido debate acerca de los orígenes del Buen Libro". Y un artículo más bien más incendiario en el Sunday Times de Londres predecía: "El mundo religioso está a punto de ser sacudido". Pero, en general, la reacción ha sido más amable de lo esperado -- nuevamente, con algunas excepciones. Aunque este libro presenta los resultados de la erudición bíblica crítica, que desafían las creencias fundamentalistas sobre la autoría de la Biblia, muchos piadosos cristianos fundamentalistas y judíos ortodoxos han mostrado gran cortesía y se han comportado benévolamente. Espero que esto sea porque yo no presento estas cosas como un ataque o un fracaso. Este libro tampoco refleja una falta de aprecio y reverencia por la Biblia. Cualquiera que cite este libro en apoyo de un ataque de esa clase estará abusando del libro y dejando de reconocer lo que queremos subrayar. Las primeras y las últimas páginas de este libro reconocen la grandeza de la Biblia, su belleza y su poder. Lo que está entre las tapas es un cuadro de hasta qué punto la erudición bíblica crítica es responsable de esta grandeza. Hace años, estudié en una clase impartida por un rabino ortodoxo extremadamente piadoso, un alma amable que había venido a enseñar a personas que no eran ortodoxas como él. Cuando un estudiante de la clase dijo: "No estoy de acuerdo", el rabino dijo: "Eso es lo que aprendí en este lugar: Que puedo sentarme con personas con las cuales discrepo, y podemos estudiar juntos". De él, todos podemos aprender que la gente puede discrepar fuertemente en cuestiones de religión y todavía no ser enemigos.

Un punto de este libro que sí dio lugar a alguna controversia fue la sugerencia de que uno de los escritores bíblicos en particular (el autor del texto conocido entre los eruditos como "J") puede que haya sido una mujer. Esto se convirtió en tema de mucho debate a medida que otros eruditos, tomando ocasión de mi investigación, echaron mano de esta idea. Yo sólo les advertía que había propuesto esto tentativa y cautelosamente. Creía, y todavía creo, que los eruditos bíblicos habían cometido un error al suponer, con demasiada facilidad, que los autores de estos libros bíblicos eran varones. Establecer, si fuese posible, si el escritor era varón o hembra me parece por lo menos tan importante como establecer si el autor era sacerdote o laico, de clase alta o baja, del siglo octavo A.C. o del quinto. Sin embargo, yo sólo dije que debemos ser equitativos y reconocer esta posibilidad. Los que tomaron prestada esta idea y la inflaron hasta convertir esta posibilidad en una conclusión de grandes proporciones han disfrutado de los frutos de una publicidad temporal, pero no nos han ayudado a adelantar nuestros conocimientos sobre el tema.

Debo reconocer que, desde que inicié esta investigación, se ha roto algo de la unanimidad de este campo. El modelo de autoría bíblica que ha dominado este campo durante los pasados cien años ha sido impugnado por los eruditos -- especialmente en Alemania; a un menor grado en Estados Unidos -- que datan a los autores bíblicos en fechas más y más posteriores. Aseguran que han causado un completo desorden en el campo. Ahora bien, yo estoy dispuesto a impugnar los modelos dominantes. Yo mismo me opongo a la mayoría de las posiciones relativas a gran parte de los cinco libros de Moisés en los últimos capítulos de este libro. Pero he debatido a los principales proponentes de estos nuevos desafíos procedentes de Estados Unidos y Alemania  en letra de imprenta y en una sesión pública. Además de mis críticas de sus argumentos, mi punto principal en nuestro debate público y hasta la fecha es que, para comenzar, ellos jamás se han enfrentado a toda la evidencia que convirtió a éste en el modelo dominante. Las categorías más importantes de esta evidencia, categorías que se describen en este libro, son: (1) la convergencia de muchas y diferentes líneas de evidencia; (2) la evidencia lingüística de las fechas de los textos; (3) la continuidad narrativa de los textos que se atribuyen a autores particulares, y (4) cuán bien concuerdan los textos con la historia de los períodos de los cuales proceden. Hasta el tiempo en que escribo esto, estos eruditos rara vez han mencionado estas categorías, y mucho menos las han confrontado. Trataré de los casos de ello más adelante en otro libro aún no escrito, pero, por ahora, sólo deseo hacer notar que no puede decirse que ellos han presentado una impugnación obligante contra la erudición bíblica clásica mientras no respondan a la parte central del caso en favor de ella.

En este período, también ha habido una porción de publicaciones menos útiles, incluyendo algunos absurdos estudios por computadora, a los cuales la la mayoría de los eruditos bíblicos han considerado que no vale la pena responder. Sin embargo, he comentado algunos de ellos porque creo que es saludable ventilar estas cosas y porque creo que es irónico que tales análisis mal concebidos persistan al mismo tiempo que progresan avanzadas investigaciones lingüísticas, literarias e históricas. Los que están interesados en esos casos después de leer este libro pueden ahora volverse a mi tratamiento de ellos en un reciente artículo. 1

Debo añadir que he recibido muchas cartas de lectores cuya curiosidad fue despertada por cientos de puntos después de leer esto, y no pude responder a tantas consultas. Un importante incidente desde la primera publicación de este libro es la aparición del Anchor Bible Dictionary, de seis tomos, y editado por mi distinguido colega, David Noel Freedman. Es una espléndida fuente nueva, que contiene artículos por eruditos de muchos antecedentes religiosos y puntos de vista. Por supuesto, algunos artículos son más provechosos que otros, y hay que leerlos críticamente, pero la calidad general de ellos es alta, y cada uno de ellos incluye una bibliografía, de modo que los lectores que todavía no están satisfechos tengan alguna idea de dónde buscar después. Así que me alegro de tener una nueva fuente de información que recomendarles a aquéllos en quienes la lectura de este libro inspire nuevas ideas y preguntas.

En este libro, las traducciones de la Biblia son mías.

Lo más prominente (más dramático) aquí desde la primera edición de este libro es un importante cambio en mi modo de pensar sobre uno de los escritores de la Biblia. Probablemente, los que leyeron la primera edición se sorprendan del cambio que hice en mi identificación de esta persona en el capítulo 7. 2 Estoy evitando decir el nombre aquí para no echar a perder el misterio para los que leen esto por primera vez. Para algunos, el cambio puede llegar como un desengaño, pues la persona que yo había identificado originalmente es una persona prominente en la Biblia, pero, del lado positivo, esto significa que ahora estoy más seguro que antes acerca de la persona que yo creo es el autor, y la persona que yo identifiqué en la primera edición está todavía muy presente en el escenario, como ustedes verán.

También he hecho algunos cambios en la identificación de los cinco libros de Moisés que aparece en el Apéndice al final del libro. En parte, estos cambios son el resultado de que yo haya continuado trabajando en el texto con mis estudiantes y excelentes colegas en la Universidad de California, y reconozco mi deuda con ellos.

Estos cambios constituyen refinamientos de una teoría, cambios que yo creo fortalecen la teoría. Si hay dos cosas que los eruditos odian decir son: "Me equivoqué" y "No sé". Bueno, yo estaba equivocado acerca de estas identificaciones en particular, y todavía hay partes de este misterio cuya respuesta no conozco. Pero hallo que la teoría es sólida, y continúo deleitándome en el proceso de refinamiento y nuevos descubrimientos.

Sobre todo, este libro tiene el propósito de aumentar el aprecio de la gente por la Biblia. Para entender mejor el mundo en que ella nació y cuán inextricablemente conectada a ese  mundo estaba la Biblia; apreciar la maravilla de cómo se formó; apreciar que el estudio literario y el estudio histórico de la Biblia no son enemigos, ni siquiera alternativas el uno del otro. Más bien, se enriquecen el uno al otro. Bien que se sea cristiano o judío o miembro de alguna otra religión o no se pertenezca a ninguna religión, se sea religioso o no, mientras más sabe uno de la Biblia, más maravillado se siente.

Richard Elliott Friedman, 1996.

1.  "Some Recent Non-Arguments Concerning the Documentary Hypothesis", en la obra de Michael Fox et al., eds. Texts, Temples, and Traditions, Menahem Haran Festschrift (Winona Lake, IN: Eisenbrauns, 1996, pp. 87-101.
2.  El tratamiento detallado de esto aparece en un reciente artículo, "The Deuteronomistic School", en Astrid Beck et al., eds,. Fortunate the Eyes That See, David Noel Freedman Festschrift (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1995), pp. 70-80.


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