¿QUIÉN ESCRIBIÓ LA BIBLIA?

Richard Elliot Friedman

INTRODUCCIÓN


La gente ha estado leyendo la Biblia durante casi dos mil años. Se la ha aceptado literalmente, figuradamente, o simbólicamente. Se la ha considerado como divinamente dictada, revelada, o inspirada, o como una creación humana. Se han adquirido más copias de ella que de cualquier otro libro. Ha sido citada (y también erróneamente) más a menudo que otros libros. Se la ha traducido (y erróneamente) más a menudo que otros libros también. Se la ha llamado una gran obra literaria, la primera obra de la historia. Ocupa un lugar en el corazón del cristianismo y el judaísmo. La predican ministros, pastores, y rabinos. Los eruditos se pasan la vida estudiándola y enseñándola en universidades y seminarios. La gente la lee, la estudia, la admira, la desdeña, escribe acerca de ella, argumenta sobre ella, y la ama. La gente ha vivido por ella y muerto por ella. Pero no sabemos quién la escribió.

Es un hecho extraño que nunca hemos sabido con certeza quién produjo el libro que ha jugado un papel tan central en nuestra civilización. Hay tradiciones relacionadas con quién escribió cada uno de los libros bíblicos -- se supone que los cinco libros de Moisés fueron escritos por Moisés, el libro de Lamentaciones por el profeta Jeremías, la mitad de los Salmos por el rey David  -- pero, ¿cómo va uno a saber si estas atribuciones tradicionales son correctas?

Los investigadores han estado trabajando en la solución de este misterio durante casi mil años, y particularmente en los dos últimos siglos, han hecho extraordinarios descubrimientos. Algunos de estos descubrimientos desafían las creencias tradicionales. Pero esta investigación no se desarrolló como una controversia de la religión versus la ciencia o de la religión versus lo secular. Por el contrario, la mayoría de los investigadores fueron adiestrados en tradiciones religiosas y conocían la Biblia tan bien como los que sólo aceptaban las respuestas tradicionales. Ciertamente, desde el comienzo hasta el presente, una significativa proporción de eruditos bíblicos críticos, quizás la mayoría, han sido al mismo tiempo miembros del clero. Más bien, el esfuerzo por descubrir quién escribió la Biblia comenzó y ha continuado porque la respuesta tenía y tiene importantes implicaciones para el estudio de la Biblia, tanto tradicional como crítico. 

Después de todo, se trataba de la Biblia. Su influencia en la civilización occidental - y subsiguientemente, la civilización oriental - ha sido tan penetrante que apenas ha sido posible reconocer su impacto, mucho menos aceptar su autoridad, sin preocuparse de dónde venía. Si creemos que la Biblia es una gran obra literaria, entonces ¿quiénes fueron los artistas? Si la consideramos como una fuente que ha de ser examinada en el estudio de la historia, entonces, ¿los informes de quién estamos examinando? ¿Quién escribió sus leyes? ¿Quién confeccionó el libro partiendo de una diversa colección de relatos, poesía, y leyes hasta formar una sola obra? Si nos encontramos con un autor cuando leemos una obra, a cualquier grado, ya sea ficción o no ficción, entonces, ¿con quién nos encontramos cuando leemos la Biblia?

Para la mayor parte de los lectores, hay una diferencia, ya sea que su interés en el libro sea religioso, moral, literario o histórico. Cuando se estudia un libro en una clase de escuela superior o universidad, generalmente se aprende algo de la vida del autor, y por lo general, esto contribuye a la comprensión del libro. Aparte de consideraciones literarias teóricas bastante avanzadas, la mayoría de los lectores parece hallar significativo poder ver conexiones entre la vida del autor y el mundo que el autor presenta en la obra de ella o de él. En el caso de la ficción, la mayoría hallaría relevante el hecho de que Dostoievsky era ruso, vivió en el siglo diecinueve, era cristiano ortodoxo de opiniones originalmente revolucionarias, era epiléptico, y que la epilepsia figura de manera importante en El Idiota y en Los Hermanos Karamazov; o que Dashiell Hammett era detective; o que George Eliot era mujer. De manera similar en la no ficción, parece no haber límite para la fascinación que la gente siente con Freud el hombre y el grado al cual su propia experiencia se refleja en sus escritos; o con Nietzsche, donde todo, desde su locura hasta su relación con Lou Salomé, hasta sus lazos a veces extraños con Dostoievsky, figura en las lecturas de sus libros.

Mientras más obvio parece esto, más notable resulta el hecho de que la mayor parte de esta información está ausente en el caso de la Biblia. A menudo, el texto no se puede entender sin esta información. El autor de un relato bíblico en particular, ¿vivió en el siglo octavo A. C. o en el quinto? Y así, cuando el autor usa una expresión particular, ¿la entendemos de acuerdo con lo que significaba en el siglo octavo o en el quinto? ¿Presenció el autor los sucesos del relato? Si no, ¿cómo llegó el autor a tener una idea de lo que ocurrió? ¿Fue por medio de fuentes escritas, antiguos relatos de familia, revelación divina, una composición completamente ficticia, o algún otro medio? ¿Cómo afectaron los acontecimientos de los propios días del autor la manera en que el autor contó el relato? ¿Escribió el autor la obra con la intención de que se convirtiera en texto sagrado y autorizado?

Estas preguntas son importantes para comprender lo que el texto quiso decir en el mundo bíblico mismo. Pero también ofrecen una oportunidad de producir una comprensión nueva y más rica del libro actualmente, tanto para el lector religioso como para el no religioso, una vez que lleguemos a conocer las personas y las fuerzas que lo produjeron.

LOS CINCO LIBROS DE MOISÉS

Este es uno de los rompecabezas más antiguos del mundo. Los investigadores han estado luchando con él prácticamente desde que la Biblia fue completada. Ocurre que no comenzó como una investigación de la autoría de la Biblia. Comenzó simplemente con individuos haciendo preguntas acerca de problemas que observaron en el texto bíblico mismo. Se desarrolló como un relato detectivesco a lo largo de los siglos, con  investigadores descubriendo indicios del origen de la Biblia, uno por uno.

Comenzó con preguntas acerca de los primeros cinco libros de la Biblia: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, y Deuteronomio. Estos libros se conocen como el Pentateuco (del griego, que significa "cinco rollos") o la Torá (del hebreo, que significa "instrucción"). También se conocen como los cinco libros de Moisés. Moisés es la figura principal en la mayoría de estos libros, y la antigua tradición judía y cristiana sostenía que Moisés mismo los había escrito, aunque en ninguna parte de los cinco libros de Moisés dice el texto que él es el autor. 1 Pero la tradición de que una sola persona, Moisés, había escrito estos libros presentaba problemas. La gente observó contradicciones en el texto. Se informa de sucesos en un orden particular, y más tarde se dice que esos mismos sucesos ocurrieron en un orden diferente. Se dice que había dos de algo, y en alguna otra parte se dice que había catorce de lo mismo. Se dice que los moabitas habían hecho algo, y más adelante se dice que habían sido los madianitas los que lo habían hecho. Se describe a Moisés yendo a un tabernáculo en un capítulo antes de que Moisés construyera el tabernáculo.

La gente también notó que los cinco libros de Moisés incluyen cosas que Moisés no podría haber conocido ni era probable que hubiese dicho. Después de todo, el texto relataba la muerte de Moisés. También dice que Moisés era el hombre más humilde sobre la tierra; y normalmente, nadie esperaría que el hombre más humilde de la tiera señalara que él es el hombre más humilde en la tierra.

Al principio, los argumentos de los que cuestionaban la autoría de Moisés fueron rechazados. En el siglo tercero AD, el erudito cristiano Orígenes respondió a los que objetaban la unidad y la autoría mosaica del Pentateuco. Los rabinos de los siglos que siguieron a la terminación de la Biblia hebrea (también conocida como Antiguo Testamento o Sagradas Escrituras) explicaron de la misma manera los problemas y las contradicciones dentro de los linderos de la tradición, diciendo: Las contradicciones eran sólo aparentes. Podían explicarse por medio de interpretaciones - a menudo, muy prolijas - o introduciendo detalles narrativos adicionales que no aparecían en el texto bíblico. En cuanto a las referencias de Moisés a cosas que debieron haber sido desconocidas para él, fueron explicadas diciendo que se debían al hecho de que Moisés era un profeta. Estas respuestas orientadas a la tradición, a los problemas en el texto prevalecieron hasta los tiempos medievales. Los comentaristas bíblicos medievales, como Rashi en Francia y Nacmánides en España, eran especialmente hábiles para buscar explicaciones para reconciliar cada una de las contradicciones. Pero, también en el período medieval, los investigadores comenzaron a dar una nueva clase de respuestas a las antiguas preguntas.

SEISCIENTOS AÑOS DE INVESTIGACIÓN

En la primera etapa, los investigadores todavía aceptaban la tradición de que Moisés escribió los cinco libros, pero indicaron que se habían añadido unas pocas líneas aquí o allá. En el siglo once, Isaac ben Yashush, un médico judío cortesano de un gobernante en la España musulmana, señaló que una lista de reyes edomitas que aparece en Génesis 36 mencionaba reyes que vivieron mucho tiempo después de que Moisés murió. Yashush indicó que la lista fue escrita por alguien que vivió después de Moisés. La respuesta a esta conclusión fue que le llamaran "Isaac, el que mete la pata".

El hombre que lo llamó "Isaac mete la pata" era Abraham ibn Esdras, un rabino español del siglo doce. Ibn Esdras añadió: "Su libro merece ser quemado". Pero, irónicamente, el mismo ibn Esdras incluyó en sus propios escritos varios enigmáticos comentarios que sugieren que él tenía sus propias dudas. Aludía a varios pasajes bíblicos que parecían no ser debidos a la propia mano de Moisés, pasajes que se referían a Moisés en tercera persona, usaban términos que Moisés no habría conocido, describían lugares en que Moisés nunca había estado, y usaban un lenguaje que reflejaba una época y una ubicación geográfica diferentes de las de Moisés. Sin embargo, ibn Esdras aparentemente no estaba dispuesto a decir directamente que Moisés no era el autor de los cinco libros. Escribió simplemente: "Y si usted entiende, reconocerá la verdad". Y en otra referencia a uno de estos pasajes contradictorios, escribió: "Y el que entiende, que guarde silencio".

En el siglo catorce, en Damasco, el erudito Bonfils aceptó la evidencia de Esdras, pero no su consejo de guardar silencio. Refiriéndose a los pasajes difíciles, Bonfils escribió explícitamente: "Y esto es evidencia de que este versículo fue escrito en la Torá más tarde, y que Moisés no lo escribió, sino uno de los profetas posteriores". Bonfils no negaba al carácter revelado del texto. Todavía creía que los pasajes en cuestión habían sido escritos por "uno de los profetas posteriores". Sólo estaba concluyendo que no habían sido escritos por Moisés. Sin embargo, tres siglos y medio más tarde, su obra fue reimpresa con las referencias a este tema borradas.

En el siglo quince, Tostato, obispo de Ávila, también dijo que ciertos pasajes, notablemente el relato de la muerte de Moisés,  no podían haber sido escritos por Moisés. Había una antigua tradición de que Josué, el sucesor de Moisés, había escrito este relato. Pero, en el siglo dieciséis, Carlstadt, un contemporáneo de Lutero, comentó que el relato de la muerte de Moisés está escrito en el mismo estilo que los textos que lo preceden. Esto dificulta la afirmación de que Josué o alguien más meramente había añadido algunas líneas a lo que de otro modo habría sido un manuscrito mosaico. Esto también suscita preguntas adicionales sobre qué exactamente era mosaico y qué había sido añadido por alguna otra persona.

En la segunda etapa del proceso, los investigadores sugirieron que Moisés escribió los cinco libros, pero que unos editores los revisaron más tarde, añadiendo por su cuenta alguna palabra o frase ocasional. En el siglo dieciséis, Andreas van Maes, un católico flamenco, y dos eruditos jesuitas, Benedicto Pereira y Jacques Bonfrere, imaginaron así un texto original de mano de Moisés, que escritores posteriores expandieron. Van Maes sugirió que un editor posterior insertó frases o cambió el nombre de un lugar por uno más actual para que los lectores lo entendieran mejor. El libro de Van Maes fue puesto en el Índice Católico de Libros Prohibidos.

En la tercera etapa de la investigación, los investigadores concluyeron directamente que Moisés no había escrito la mayor parte del Pentateuco. El primero en decirlo fue el filósofo británico Thomas Hobbes en el siglo diecisiete. Hobbes reunió numerosos casos de hechos y afirmaciones en el curso de los cinco libros que eran inconsistentes con la autoría de Moisés. Por ejemplo, a veces, el texto dice que algo es así "hasta el día de hoy". "Hasta el día de hoy" no es la frase de alguien que describe una situación contemporánea. Es más bien la frase de un escritor posterior que describe algo que ha durado.

Cuatro años más tarde, Isaac de la Peyrere, un calvinista francés, también escribió explícitamente diciendo que Moisés no era el autor de los primeros libros de la Biblia. Él también observó problemas que recorrían el texto, incluyendo, por ejemplo, las palabras "al otro lado del Jordán" en el primer versículo de Deuteronomio. Ese versículo dice: "Estas son las palabras que Moisés habló a los hijos de Israel al otro lado del Jordán ....". El problema con la frase "al otro lado del Jordán" es que se refiere a alguien que está al otro lado del río Jordán, mirando desde la posición del que escribe. Así, el versículo parece ser las palabras de alguien que está en Israel, al oeste del Jordán refiriéndose a lo que Moisés hizo en el lado este del Jordán. Pero se supone que Moisés mismo nunca estuvo en Israel en toda su vida. El libro de de la Peyrere fue prohibido y quemado. Él fue arrestado y se le informó que, para ser liberado, tenía que convertirse al catolicismo y retractarse de sus puntos de vista ante el Papa. Así lo hizo.

Más o menos al mismo tiempo, en Holanda, el filósofo Spinoza publicó un análisis crítico unificado, demostrando de la msma manera que los pasajes problemáticos no eran unos pocos pasajes aislados que pudieran ser explicados uno por uno. Más bien, estaban presentes en todos los cinco libros de Moisés. Estaban los relatos de Moisés, las expresiones que era improbable que Moisés hubiese pronunciado (por ejemplo, "el hombre más humilde de la tierra"), el informe de la muerte de Moisés, la expresión "hasta hoy", las referencias a ubicaciones geográficas por los nombres que adquirieron después de la época de Moisés, el tratamiento de cuestiones posteriores a Moisés (por ejemplo, la lista de los reyes edomitas), y varias contradicciones y varios problemas en el texto de la clase que investigadores anteriores habían observado. También notó que el texto dice en Deuteronomio 34: "Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés ...". Spinoza hizo notar que estas palabras suenan como las de alguien vivió mucho tiempo después de Moisés y tuvo la oportunidad de ver otros profetas y de esta manera efectuar la comparación. (Tampoco suenan como las palabras del hombre más humilde de la tierra). Spinoza escribió: "Está ... más claro que el sol a mediodía que el Pentateuco no fue escrito por Moisés, sino por alguien que vivió mucho tiempo después que Moisés". Spinoza había sido excomulgado del judaísmo. Ahora su obra era condenada también por los católicos y los protestantes. Su libro fue incluido en el Índice Católico, en el espacio de seis años se emitieron treinta y siete edictos contra él, y hubo un atentado contra su vida.

Poco tiempo después, en Francia, Richard Simon, un converso del protestantismo que se había convertido en sacerdote católico, escribió una obra con la cual se proponía criticar a Spinoza. Dijo que el corazón del Pentateuco (las leyes) era mosaico pero que había algunas adiciones. Simon dijo que estas adiciones eran de escribas que habían reunido, ordenado, y desarrollado los antiguos textos. Según Simon, estos escribas eran profetas, guiados por el espíritu divino, y así, él consideraba su propia obra como una defensa de la santidad del texto bíblico. Sin embargo, sus contemporáneos, aparentemente no estaban preparados para una obra que decía que alguna parte de los cinco libros no era mosaica. Simon fue atacado por otros miembros del clero católico y expulsado de su orden. Sus libros fueron puestos en el Índice. Cuarenta refutaciones de su obra fueron escritas por protestantes. De las mil trescientas copias impresas de su libro, todas, menos seis, fueron quemadas. Salió una versión inglesa del libro, traducida por John Hampden, pero Hampden se retractó más tarde. El subestimado informe, escrito por el erudito Edward Gray, en su relato de ls acontecimientos lo cuenta mejor: Hampden "repudió las opiniones que había sostenido en común con Simon ... en 1688, probablemente poco antes de ser liberado de la torre".

LAS FUENTES

La idea de Simon de que los escritores bíblicos habían reunido sus narrativas partiendo de antiguas fuentes a su disposición fue un paso importante en el camino a descubrir quién escribió la Biblia. Cualquier historiador competente conoce la importancia de las fuentes al escribir una narración progresiva de sucesos. La hipótesis de que los cinco libros de Moisés eran el resultado de una tal combinación de varias fuentes más antiguas escritas por diferentes autores era excepcionalmente importante porque preparaba el camino para manejar un nuevo elemento de evidencia desarrollada por tres investigadores en el siglo siguiente: el doblete.

Un doblete es una misma historia contada dos veces. Aun en traducciones, es fácil ver que los relatos bíblicos a menudo aparecen con variaciones de detalles en dos lugares diferentes de la Biblia. Hay dos relatos diferentes de la creación del mundo. Hay dos relatos del pacto entre Dios y el patriarca Abraham; dos relatos de cuando se le puso nombre a Isaac, el hijo de Abraham; dos relatos de cuando Abraham le asegura a un rey extranjero que su esposa Sara es su hermana; dos relatos de Jacob, el hijo de Isaac, de cuando hizo un viaje a Mesopotamia; dos relatos de una revelación que Jacob tuvo en Betel; dos relatos de cuando Dios cambió el nombre de Jacob por el de Israel; dos relatos de cuando Moisés hizo salir agua de una roca en un lugar llamado Meriba, y más.

Los que defiendían la creencia tradicional en la autoría mosaica argumentaban que los dobletes eran siempre complementarios, no repetitivos, y que no se contradecían entre sí, sino que están allí para enseñarnos una lección por medio de su "aparente" contradicción. Pero se descubrió otra pista que socavó esta respuesta tradicional. Los investigadores hallaron que, en la mayor parte de los casos, una de las dos versiones del doblete de un relato se refería a la deidad por su nombre divino, Yahvé (anteriormente pronunciado erróneamente Jehová), y que la otra versión del relato se refería a la deidad llamándola simplemente "Dios". Es decir, los dobletes se alineaban en dos grupos de versiones paralelas de relatos. Cada grupo era casi siempre consistente acerca del nombre de la deidad que usaba. Además, los investigadores descubrieron que no sólo eran los nombres de la deidad los que se alineaban. Encontraron varios otros términos y características que aparecían regularmente en uno u otro grupo. Esto tendía a apoyar la hipótesis de que alguien había tomado dos antiguos documentos fuentes, los había cortado, y los había entrelazado para formar el relato continuo de los cinco libros de Moisés.

Así que la siguiente etapa de la investigación fue el proceso de separar las hebras de los dos antiguos documentos fuentes. En el siglo dieciocho, tres investigadores independientes arribaron a conclusiones similares basándose en estos estudios: Un  ministro alemán (H. B. Witter), un médico francés (Jean Astruc), y un profesor alemán (. J. G. Eichhorn). Al principio, se pensó que una de las dos versiones de los relatos en el libro de Génesis era un antiguo texto que Moisés había usado como fuente y que la otra versión de los relatos había sido escrita por el propio Moisés, que describía estas cosas con sus propias palabras. Más tarde, se pensó que ambas versiones de los relatos eran antiguos documentos fuente que Moisés había usado al componer su obra. Pero, finalmente, se llegó a la conclusión de que ambas fuentes tenían que ser de escritores que vivieron después de Moisés. Cada etapa del proceso atribuía menos y menos al propio Moisés.

Para principios de del siglo diecinueve, la hipótesis de las dos fuentes se expandió. Los eruditos hallaron evidencias de que, después de todo, en el Pentateuco no había dos principales documentos fuente, ¡sino cuatro! Dos eruditos descubrieron que, en los primeros cuatro libros de la Biblia, había, no sólo dobletes, sino varios tripletes de relatos. Esto convergía hacia otra evidencia, que involucraba contradicciones y lenguaje característico, y que los persuadió de que habían encontrado otra fuente dentro del Pentateuco. Y luego un joven erudito alemán W. M. L. DeWette, observó en su disertación doctoral que el quinto de los cinco libros de Moisés, el libro de Deuteronomio, tenía un lenguaje notablemente diferente de los cuatro libros que lo precedían. Ninguno de los tres antiguos documentos fuente parecía continuar en este libro. DeWette propuso la hipótesis de que Deuteronomio era una cuarta fuente, separada.

Así, pues, debido a la obra de un gran número de personas, y a un costo personal para algunas de ellas, el misterio de los orígenes de la Biblia había llegado a ser tratado abiertamente, y se había formulado una hipótesis básica. Fue una etapa notable en la historia de la Biblia. Los eruditos podían abrir el libro de Génesis e identificar el material escrito por dos y hasta tres autores en una misma página. Y también había la obra del editor, la persona que había recortado y combinado los documentos fuente para formar un solo relato; de esta manera, hasta cuatro personas diferentes podrían haber contribuido a producir una sola página de la Biblia. Ahora los investigadores podían ver que existía un enigma y cuál era su naturaleza básica. Pero todavía no sabían quién era el autor de ninguno de los cuatro antiguos documentos fuente, cuándo vivieron, o por qué escribieron. Y no tenían ninguna idea de quién era el misterioso editor que los había combinado, ni por qué esta persona los había combinado de esta compleja manera.

LA HIPÓTESIS

Para ponerlo de la manera más sucinta posible, el rompecabezas era como sigue:

Había evidencia de que los cinco libros de Moisés habían sido compuestos combinando cuatro diferentes documentos fuente para formar un relato continuo. Para propósitos de trabajo, los cuatro documentos fueron identificados con símbolos alfabéticos. El documento asociado con el nombre divino Yahvé/Jehová se llamó J. El documento que fue identificado como referente a la deidad de Dios (en hebreo, Elohim) se llamó E. El tercer documento, con mucho el mayor, incluía la mayoría de las secciones legales y se concentraba mayormente en cuestiones que tenían que ver con sacerdotes, así que se llamó P. Y la fuente que se encontró sólo en el libro de Deuteronomio se llamó D. La cuestión era cómo poner al descubierto la historia de estos cuatro documentos, no sólo quién los escribió, sino por qué se escribieron cuatro versiones diferentes del relato, cuál era la relación de cada una con las demás, si cualquiera de los autores era consciente de los textos de los demás, cuándo fue producido cada uno en la historia, cómo fueron preservados y combinados, y una multitud de otras cuestiones.

El primer paso fue tratar de establecer el orden relativo en que fueron escritos. La idea era tratar de ver si cada versión reflejaba una etapa particular en el desarrollo de la religión en el Israel bíblico. Este enfoque reflejaba la influencia, en la Alemania del siglo diecinueve, de ideas hegelianas sobre el desarrollo histórico de la civilización. Se destacan dos figuras del siglo diecinueve. Se acercaron al problema de maneras muy diferentes, pero arribaron a hallazgos complementarios. Uno de estos hombres, Karl Heinrich Graf, trabajó deduciendo, por referencias en los varios textos bíblicos, cuáles de los textos debían lógicamente haber precedido o seguido a los otros. El otro investigador, Wilhelm Vatke, buscó trazar la historia del desarrollo de la antigua religión israelita examinando textos en busca de indicios en cuanto a si reflejaban etapas tempranas o tardías de la religión.

Graf concluyó que los documentos J y E eran las versiones más antiguas de los relatos bíblicos, pues ellos (y otros primitivos escritos bíblicos) no tenían conocimiento de cuestiones que eran tratadas en otros documentos. D era posterior a J y E, pues mostraba familiaridad con desarrollos en un período posterior de la historia. Y P, la versión sacerdotal del relato, era la menos antigua de todas, pues se refería a una variedad de cuestiones que eran desconocidas en todas las porciones anteriores de la Biblia, como los libros de los profetas. Mientras tanto, Vatke llegó a la conclusión de que J y E reflejaban una etapa muy temprana en el desarrollo de la religión israelita, cuando era esencialmente una religión de naturaleza/fertilidad. Concluyó que D reflejaba una etapa intermedia del desarrollo religioso, cuando la fe de Israel era espiritual/ética; para abreviar, la época de los grandes profetas israelitas. Y consideró el documento P como que reflejaba la etapa más reciente de la religión israelita, la etapa de la religión sacerdotal, basada en sacerdotes, sacrificios, ritos, y la ley.

El intento de Vatke por reconstruir el desarrollo de la religión de Israel y el intento de Graf por reconstruir el desarrollo de las fuentes del Pentateuco apuntaban en la misma dirección. A saber, la gran mayoría de las leyes y gran parte de la narrativa del Pentateuco no eran parte de la vida en los días de Moisés - mucho menos habían sido escritos por Moisés - ni siquiera eran parte de la vida en los días de los reyes y profetas de Israel. Más bien, fueron escritos por alguien que vivió hacia el fin del período bíblico.

Hubo una variedad de reacciones a esta idea. Las respuestas negativas procedían tanto de los eruditos tradicionales como de los eruditos críticos. Ni siquiera De Wette, que había identificado la fuente D, aceptaba la idea de que tanto de la ley fuese tan tardía. Dijo que esta posición "hacía depender el comienzo de la historia hebrea, no de las grandes creaciones de Moisés, sino de la nada en el aire". Y los eruditos tradicionales señalaron que esta posición representaba al Israel bíblico como una nación no gobernada por la ley durante sus primeros seis siglos. Con todo, las ideas de Graf y de Vatke llegaron a dominar el campo de los estudios bíblicos durante un centenar de años, principalmente a causa de la obra de un hombre: Wellhausen.

Julius Wellhausen (1844-1918) se yergue como una poderosa figura en la investigación de la autoría de la Biblia y la historia de la erudición bíblica en general. Es difícil señalar alguna persona en particular como el "fundador", el "padre", o el "primero" en esta empresa, porque un buen número de personas hicieron contribuciones que llevaron la búsqueda a alguna nueva etapa. De hecho, libros y artículos en el campo de la erudición bíblica atribuyen estos títulos variadamente a Hobbes, Spinoza, Simon, Astruc, Eichhorn, Graf, o Wellhausen. El mismo Wellhausen aplica este término a De Wette. Pero Wellhausen ocupa un lugar especial en la historia de esta empresa. Su contribución no contituye tanto un comienzo cuanto una culminación de esa historia. Mucho de lo que Wellhausen tenía que decir fue tomado de los que lo precedieron, pero la contribución de Wellhausen fue la de reunir todos estos componentes, junto con sus propias y considerables investigaciones y argumentaciones, hasta formar una síntesis clara y organizada.

Wellhausen aceptó la imagen presentada por Vatke de que la religión de Israel se había desarrollado en tres etapas, y aceptó también la imagen de Graf de que los documentos habían sido escritos en tres períodos distintos. Luego simplemente juntó las dos imágenes. Examinó los relatos bíblicos y las leyes bíblicas que aparecen en J y E, y argumentó que ellos reflejaban el estilo de vida de la etapa naturaleza/fertilidad de la religión. Arguyó que los relatos y las leyes de Deuteronomio (D) reflejaban la vida de la etapa espiritual/ética. Arguyó que P se derivaba de la etapa sacerdotal/legal. Siguió el rastro a las características de cada etapa y período meticulosamente a través del texto de cada documento, examinando la manera en que el documento reflejaba cada uno de los varios aspectos fundamentales de la religión: el carácter del clero, los tipos de sacrificios, los lugares de culto, y las fiestas religiosas. Extrajo información de las secciones tanto legales como narrativas, de entre todos los cinco libros del Pentateuco, y de entre otros libros históricos y proféticos de la Biblia. Su presentación era sensitiva, bien articulada, y extremadamente influyente. Sobre todo, la de él era una construcción poderosa, porque hacía más que sólo dividir las fuentes con sus criterios de costumbre (dobletes, contradicciones, etc.). Enlazaba los documentos fuentes con la historia. Proporcionaba un marco creíble en el cual podrían haberse desarrollado. De este modo, el modelo de Wellhausen comenzó a responder la pregunta de por qué existían diferentes fuentes. La primera y real aceptación de este campo de estudio, pues, se produjo cuando los análisis históricos y literarios se fusionaron con éxito por primera vez. Este modelo de combinación de los documentos fuente llegó a conocerse como la Hipótesis Documental, y ha dominado el campo desde entonces. Hasta la fecha, si se quiere discrepar, se discrepa con Wellhausen. Si se desea presentar un nuevo modelo, hay que comparar sus méritos con el modelo de Wellhausen.

EL ESTADO ACTUAL DE COSAS

La oposición religiosa a la nueva investigación persistió durante el siglo diecinueve. La hipótesis documental se conoció en los píases de habla inglesa en gran medida a causa de la obra de William Robertson Smith, un profesor de Antiguo Testamento en la escuela preparatoria de la Iglesia Libre de Escocia en Aberdeen y editor de la Encyclopedia Britannica. Escribía artículos en la enciclopedia y publicaba artículos escritos por Wellhausen allí también. Fue llevado a juicio ante la iglesia. Aunque fue declarado inocente de la acusación de herejía, fue expulsado de su posición. También en el siglo diecinueve, en Sudáfrica, John Colenso, un obispo anglicano, publicó conclusiones similares, y dentro de los siguientes veinte años, se escribieron trescientas respuestas. Fue llamado "el obispo malvado".

Sin embargo, las cosas comenzaron a cambiar en el siglo veinte. Durante siglos, había habido considerable oposición a esta investigación en la Iglesia Católica, pero un hito de grandes proporciones fue la encíclica Divino Afflante Spiritu del papa Pío XII en 1943. Se le ha llamado "una Carta Magna del progreso bíblico". El Papa alentaba a los eruditos a proseguir hacia el conocimiento de los escritores bíblicos, pues esos escritores eran "el instrumento vivo y razonable del Espíritu Santo ...". Concluía:

Que el intérprete, pues, con todo cuidado y sin descuidar ninguna luz derivada de de recientes investigaciones, se esfuerce por establecer el peculiar carácter y las circunstancias del escritor sagrado, la época en que vivió, las fuentes, escritas u orales a las cuales recurrió y las formas de expresión que empleó.

En cuanto a los resultados del estímulo del Papa, el Jerome Biblical Commentary, una publicación católica, que apareció en 1968, comenzaba con esta declaración de los editores:

No es ningún secreto que los últimos quince o veinte años han presenciado casi una revolución en los estudios bíblicos católicos - una revolución estimulada por la auutoridad, pues su Carta Magna fue la encíclica Divino Afflante Spiritu del Papa Pío XII. Los principios de la crítica literaria e histórica, por tanto tiempo mirados con sospecha, ahora, por fin, han sido aceptados y aplicados por exégetas católicos. Los resultados han sido muchos: un interés nuevo y vital en la Biblia en toda la Iglesia; una mayor contribución de los estudios bíblicos a la moderna teología; una comunidad de esfuerzo y comprensión entre los eruditos católicos y no católicos.

La oposición al examen crítico de la Biblia también ha disminuido entre los protestantes. La Biblia ha llegado a ser estudiada y enseñada por eruditos críticos en las principales instituciones protestantes de Europa y Gran Bretaña. También en los Estados Unidos, eruditos críticos enseñan en las principales instituciones protestantes, como Harvard Divinity School, Yale divinity School, Princeton Theological Seminary, Union Theological Seminary, y muchas otras. El examen crítico del texto y sus autores también ha sido aceptado en las principales instituciones judías, particularmente el Hebrew Union College, que es la escuela rabínica reformada, y el Jewish Theological Seminary, la escuela rabínica conservadora. También se enseña en las principales universidades en el mundo.

Hasta la pasada generación, había eruditos ortodoxos cristianos y judíos que rebatían la Hipótesis Documental en círculos eruditos. Sin embargo, en la actualidad, apenas si hay algún erudito bíblico en el mundo trabajando activamente que afirme que los cinco libros de Moisés fueron escritos por Moisés o por cualquier otra persona. 2 Los eruditos arguyen acerca del número de diferentes autores que escribieron cualquier libro bíblico dado. Arguyen acerca de cuándo se escribieron los varios documentos y acerca de si un versículo en particular pertenece a éste o a aquel documento. Expresan variados grados de satisfacción o insatisfacción con la utilidad de la hipótesis para fines literarios o históricos. Pero la hipótesis misma continúa siendo el punto de partida de la investigación, ningún estudiante serio de la Biblia puede dejar de estudiarla, y ninguna otra explicación de la evidencia ha podido acercarse a rivalizar con ella.

El análisis crítico de la autoría también se ha extendido más allá de los cinco libros de Moisés y ha tocado a cada uno de los libros de la Biblia. Por ejemplo, el libro de Isaías había sido atribuído tradicionalmente al profeta Isaías, que vivió en el siglo octavo AC. La mayor parte de la primera mitad del libro encaja en esa tradición. Pero desde el capítulo 40 hasta el 66 del libro de Isaías parece haber sido escrito por alguien que vivió como doscientos años más tarde. Hasta del libro de Abdías, que sólo tiene una sola página, se ha pensado que es una combinación de trozos de dos autores.

En nuestros propios días, nuevas herramientas y y nuevos métodos han hecho importantes contribuciones. Nuevos métodos de análisis lingüístico, desarrollados mayormente dentro de los últimos quince años, han hecho posible establecer la relativa cronología de porciones de la Biblia y medir y describir características del hebreo bíblico en varios períodos. En los términos más sencillos, Moisés estaba más lejos del lenguaje de gran parte de los cinco libros que Shakespeare lo estaba del inglés moderno. También desde los días de Wellhausen, ha habido una gran revolución arqueológica, que ha producido importantes descubrimientos que ahora deben figurar en cualquier investigación sobre los autores de la Biblia. Comentaré los hallazgos arqueológicos relevantes en el transcurso de este libro.

Aun así, el hecho simple es que, en gran medida, el rompecabezas permanece sin resolver. Y lo escurridizo de la solución continúa frustrando nuestro trabajo en una gran variedad de otras cuestiones acerca de la Biblia. Mi propia experiencia servirá como ilustración. Cuando me presentaron esta área de estudios bíblicos en mis años de preparatoria, respondí que no me importaba mucho, que mi interés estaba en lo que el texto decía y cuál era su relevancia en la actualidad, no en quién lo había escrito. Pero, a medida que trabajaba más y más en el texto durante mis años de postgrado, descubrí que, sin importar en qué cuestión me ocupaba, siempre regresaba a este problema.

Si trabajaba en una cuestión literaria, quería saber por qué el texto contaba el relato de esta manera y no de otra. Por ejemplo, considérese el relato del becerro de oro. En el libro de Éxodo, Dios pronuncia en voz alta los Diez Mandamientos para los israelitas desde el cielo en el monte de Dios. Luego, Moisés asciende al monte solo para recibir un juego de tablas de piedra tallada en las cuales estaban grabados los Diez Mandamientos. Cuando Moisés tarda en regresar, el pueblo fabrica un becerro de oro y le ofrece sacrificios. Su líder, el hombre que personalmente fabrica el becerro de oro, es Aarón, el vocero del propio Moisés. Cuando Moisés regresa y ve el becerro, lanza airado las tablas al suelo y las hace añicos. Destruye el becerro de oro. Le pregunta a Aarón: "¿Qué te hizo este pueblo para que atrajeras sobre él tan gran pecado?" Aarón responde que el pueblo le pidió que le hiciera dioses, así que él arrojó al fuego el oro de ellos, "¡y salió este becerro!".

La pregunta era: ¿Qué haría que alguien escribiera un relato como éste? ¿Qué estaba ocurriendo en el mundo de este escritor que lo hizo contar un relato en el cual su propio pueblo comete herejía sólo cuarenta días después de haber oído a Dios hablarle desde el cielo? ¿Por qué presentó a un becerro de oro, y no una oveja de bronce, una serpiente de plata, o alguna otra cosa? ¿Por qué presentó a Aarón, tradicionalmente el primer sumo sacerdote de Israel, como líder de una herejía? ¿Fue simplemente porque sucedió así y el escritor estaba sencillamente contando la historia como la conocía? ¿O estaban sucediendo otros problemas y sucesos en el mundo del escritor que lo motivaron mientras configuraba el relato?

Si yo trabajara en una cuestión moral, querría saber por qué el texto dice: "Compórtense de esta manera y no de aquella otra". Por ejemplo, hay leyes de guerra en el libro de Deuteronomio que tienen importantes implicaciones morales.  Una ley exime del servicio militar a cualquier hombre que tenga miedo. Una ley prohibe violar a una mujer capturada. A las mujeres del grupo que ha sido derrotado hay que darles tiempo para que lloren la pérdida de cualquier miembro de su familia, y sólo entonces pueden ser tomadas por esposas, o de lo contrario, deben ser liberadas. En este caso, me pareció importante entender qué dio lugar a tales leyes. ¿Cómo es que el estándar bíblico de conducta llegó a incluir estas particulares prácticas y prohibiciones? ¿Qué ocurría en el mundo bíblico que impulsó a alguien a concebir tales leyes y condujo a una comunidad a adoptarlas?

Si se trataba de una pregunta teológica, querría saber por qué el texto presentaba la deidad como lo hace. Por ejemplo, la Biblia presenta la deidad como desgarrada entre la justicia divina y la misericordia divina. A través de la Biblia, hay una tensión recurrente entre las fuerzas que dicen "castiga" y las que dicen "perdona". ¿Qué sucesos y qué conceptos diferentes conceptos del carácter de Dios en varias épocas y varios lugares en el mundo bíblico desempeñaron un papel en la formación de esta poderosa y desconcertante idea de las relaciones divino-humanas?

Quizás más graves eran las preguntas históricas. Si uno está interesado en la historicidad de los relatos bíblicos, entonces tiene que preguntarse cuándo vivió el escritor. ¿Fue el escritor testigo de los sucesos que describe? Si no, ¿cuáles fueron sus fuentes de información? ¿Cuáles eran sus intereses? ¿Era el escritor un sacerdote o un laico, hombre o mujer, alguien asociado con la corte o un plebeyo? ¿A quién favorecía, a quién se oponía, de dónde venía? Y así sucesivamente.

Mi instructor era el profesor Frank Moore Cross de la Universidad de Harvard. En mi segundo año de estudios allí, hubo una discusión durante un seminario del departamento de lenguas y civilizaciones del Cercano Oriente, un día en que el profesor Cross se refirió a otro seminario en que había participado muchos años antes. En aquel seminario anterior, los participantes habían decidido trabajar en el texto del Pentateuco desde el principio, sin suponer la validez de la Hipótesis Documental ni de ninguna otra hipótesis para ver, por medio de un cuidadoso y renovado estudio del texto llevado a cabo por sí mismos, a dónde les llevaría la evidencia. Más tarde, ese mismo día, tuve una cita con el profesor Cross, durante la cual le solicité un curso de estudio supervisado bajo su dirección. Propuso que hiciéramos lo que su seminario había hecho años antes, y fue así como me encontré, por fin, enfrentado al problema siempre presente de la formación del texto bíblico. Comenzamos desde el principio, trabajando a través del texto del Pentateuco, no suponiendo lo correcto de la hipótesis, sino sopesando la evidencia a medida que avanzábamos. Yo he estado intrigado por este problema desde entonces.

Espero adelantar el proceso de solución con mis contribuciones aquí. En alto grado, defiendo el modelo que se ha desarrollado como el consenso de los investigadores en los últimos pocos siglos. Presentaré nueva evidencia que yo creo apoyará el modelo. Donde discrepe con pasados eruditos, incluyendo, a veces, mis propios instructores, lo dejaré bien claro y presentaré mi evidencia. Específicamente, lo que es nuevo aquí es:

Me propongo ser más específico acerca de quiénes fueron los escritores de la Biblia; no sólo dónde vivieron, sino dónde residían, los grupos a los cuales pertenecíeron, sus relaciones con las personas y los sucesos importantes de su momento histórico, qué personas les parecían agradables, a quiénes se oponían, y sus propósitos políticos y religiosos al escirbir sus obras.

Me propongo arrojar luz sobre la relación entre los varios autores. ¿Conocía alguno de ellos alguna de las obras de los demás? Sucede que sí las conocían. Y, de algunas maneras inesperadas, esto afectó el modo en el que la Biblia fue producida.

Me propongo arrojar más luz sobre la cadena de sucesos que juntó todos los documentos hasta formar una sola obra. Esto también revelará algo de cómo esa obra llegó a ser aceptada como la Biblia.

Por lo menos en un caso, me propongo cuestionar el punto de vista mayoritario sobre quién fue uno de los autores de la Biblia, y por qué escribió.

Cuando se trate de relatos bíblicos, me propongo demostrar por qué cada relato salió de la manera particular en que lo hizo y cuál fue su relación con la historia del período durante el cual se escribió.

Por supuesto, es imposible abarcar todos los libros de la Biblia en este solo volumen. Trataré de los libros que cuentan el relato central del cual nació el resto de la Biblia (11 libros), me referiré a muchos de los otros libros, y comentaré las implicaciones de estos descubrimientos para la Biblia como un todo.

Me parece que la manera de comenzar es reconstruir el cuadro del mundo bíblico hasta el mayor grado posible basándome en evidencias arqueológicas y la lectura más cautelosa posible de los libros históricos de la Biblia, intentando identificar qué porciones del informe bíblico son históricamente dignas de confianza para cada período. El paso siguiente es ubicar los autores bíblicos que escribieron en cada período respectivo y ver hasta qué punto las personas y los sucesos de ese momento de la historia afectaron la manera en que la Biblia fue producida. Por fin, podemos regresar a lo que tanto me importó en primer lugar: las implicaciones de estos hallazgos para la manera en que la gente entiende, valora y usa la Biblia en la actualidad.


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