EL SÁBADO, LA LEY
Y EL EVANGELIO

Rolaant McKenzie

Traducido de Gospel Outreach

12. La ley en Romanos, 1 y 2 Corintios, y Efesios

Los siguientes pasajes en la Escritura proporcionan valiosa información sobre la relación entre la ley, la fe, y la gracia en la vida cristiana. Serán examinados Romanos 2:9-16; 2:25-29; 3:19-31; 4:1-17; 5:12-21; 6:1-14; 7:1-6; 8:1-4; 10:1-13; y Efesios 2:8-22.

Romanos 2:9-16

<>Aquí Pablo habla de que judíos y gentiles por igual están bajo la condenación de la ley, pues ambos han pecado al violar la ley. Los judíos, al violar la ley que les fue dada por Dios por medio de Moisés en el monte Sinaí, y los gentiles al violar lo que ellos sabían instintivamente que era lo correcto. En otras palabras, al ir contra sus conciencias. Es también interesante observar en el versículo 16 que, en el día del juicio, el evangelio será la norma de juicio, no la ley de Moisés, incluyendo los Diez Mandamientos.

Romanos 2:25-29

<> Este pasaje muestra que la circuncisión y la incircuncisión no tienen ninguna importancia si los requisitos de la ley no se guardan. Y puesto que nadie ha cumplido las exigencias de la ley, los judíos no tienen ninguna superioridad sobre los gentiles a causa de la circuncisión. La verdadera circuncisión es vivir según las instrucciones del Espíritu Santo, no según la letra o las obras de la ley.

Romanos 3:19-31
<>
Este pasaje indica que todos han pecado y continúan destituidos de la gloria de Dios. Por medio de la ley es el conocimiento del pecado y la necesidad de ir a Cristo. Como se dice en el versículo 31, la ley es establecida para ayudarnos a reconocer nuestra necesidad de la ley de fe. Sin ella, no podemos ver nuestra pecaminosidad, ni reconocer nuestra necesidad de la gracia ofrecida en Cristo Jesús (como se mostró más atrás en Gálatas 3:24-25). Pablo muestra aquí que Dios es el Dios de los judíos y los gentiles por igual, y que ambos son salvos de acuerdo con la ley de fe, no de acuerdo con las obras de la ley. La justicia viene sólo por medio de la fe en Cristo y su obra a favor nuestro, así que nadie puede vanagloriarse de sus obras. En el siguiente capítulo, Pablo continúa explicando a los judíos en Roma cómo se les puede garantizar la salvación a los gentiles sin que hayan recibido la ley del pacto antiguo.

Romanos 4:1-17

Pablo muestra en este pasaje cómo la promesa de justicia por fe se le hizo a Abraham antes de ser circuncidado, no después. Pablo incluye tanto a judíos como a gentiles en esta promesa. Los judíos, siendo descendientes de Abraham, experimentaron lo que es vivir bajo la ley. Pero esto no les condujo a la justicia por la fe, así como Abraham no fue llamado justo por haber sido circuncidado sino porque creyó a Dios. Por otra parte, los gentiles no compartieron esta experiencia, sino que llegaron a la justicia directamente por la fe cuando aceptaron a Cristo Jesús como Salvador. Lo hicieron aunque obviaron la ley del pacto antiguo dada a Israel en Sinaí. Lo que Pablo subraya aquí es que judíos y gentiles por igual comparten el mismo padre, Abraham, por la gracia de Dios por fe. Por lo tanto, ellos son herederos de la promesa que Dios les hizo a él y a sus descendientes.

Romanos 5:12-21

Este pasaje nos dice cuán gran bendición es la gracia por medio de Jesucristo. Que, aunque el pecado y la muerte entraron al mundo a causa de la desobediencia de un hombre, la expiación de Jesús, efectuada una sola vez por todos los pecados del mundo, ha puesto la salvación al alcance de todo el que ponga su fe en la gracia de Dios. Adán pecó al desobedecer a Dios, trayendo así la muerte al mundo. El pecado de Adán corrompió su naturaleza y le condenó a muerte a él y a sus descendientes. Y como un inevitable defecto genético o hereditario, todos nacemos en este mundo con la naturaleza pecaminosa de Adán, convirtiéndonos en pecadores. Y la muerte es por el pecado, porque la muerte es el resultado del pecado (Romanos 6:23). En el tiempo entre Adán y Moisés, muchos pecaban y no lo consideraban como tal, porque la ley todavía no había llegado. Aunque las personas que vivían en ese período de tiempo no conocían la ley, todavía eran pecadores porque habían heredado la naturaleza pecaminosa de Adán y ellos mismos habían pecado. Pero el pecado no se les tomaba en cuenta tanto como cuando la ley ya había llegado. Esto no quería decir que no era pecado hacer lo malo en aquella época, ni que Dios pasaba por alto el pecado. Sólo tenemos que mirar la historia del diluvio (Génesis 6-9) y la destrucción de Sodoma y Gomorra (Génesis 18-19) para ver esto. Parece que, antes de conocer la ley, las personas u obedecían o desestimaban lo que en ese tiempo entendían que era lo correcto. Tenían una "ley para sí mismos" "escrita en sus corazones", descrita como sus conciencias (Romanos 2:14-15). También muestra que los Diez Mandamientos no existían antes de la creación ni antes.

Romanos 6:1-14            

Por supuesto, el hecho de que la gracia cubre nuestros pecados y nos justifica delante de Dios no significa que podemos continuar viviendo en pecado. Si somos bautizados en su muerte, hemos muerto al pecado. Y como dice el versículo 4, hemos resucitado "para que también vivamos en novedad de vida". El pecado ya no gobernará nuestras vidas, porque estaremos muertos al pecado pero vivos en Cristo. ¿Significa esto que de repente seremos sin pecado? No. Mientras vivamos, cometeremos errores y caeremos en tentación algunas veces, porque nuestras antiguas vidas pecaminosas siempre tratarán de regresar para controlarnos nuevamente y condenarnos a muerte. Afortunadamente, la gracia de Dios nos cubre en tales situaciones (1 Juan 2:1-2), pues sin ella todos estaríamos condenados. Estar vivos en Cristo significa una entrega a Dios de toda la vida, una relación de vivir y crecer con Él. Esta es la "novedad de vida", que es un proceso de toda la vida. Como dice el versículo 13, nos convertimos en "instrumentos de justicia" en vez de "instrumentos de injusticia". Todo esto se hace, no por medio de la ley, sino por la gracia de Dios. Por eso, el versículo 14 dice que el pecado ya no será nuestro amo, porque vivimos bajo la gracia en vez de bajo la ley.

Romanos 7:1-6

El versículo 5 muestra que la ley no puede salvarnos del pecado. En realidad, el pecado se manifiesta por la ley y recibe su poder de ella, lo cual al final conduce a la muerte. Como en la analogía del matrimonio de los versículos 1-3, si morimos a la ley por medio de Cristo, nos unimos con Él para que podamos llevar frutos de justicia para Dios. El morir a la ley por medio de Cristo nos libera de ella y nos capacita para vivir vidas agradables a Dios por medio de la obra interior y la instrucción del Espíritu Santo.

Romanos 8:1-4

Esta nueva ley del Espíritu nos libera de la ley del pecado y de la muerte. Porque esa ley no puede cambiar a nadie para que pueda vivir una vida piadosa. Jesucristo murió para librarnos de esta ley y para que pudiéramos andar "según el Espíritu", porque el Espíritu Santo tiene el poder para cambiarnos para que podamos vivir vidas de acuerdo con la voluntad de Dios.

Romanos 8:5-11

Este pasaje muestra que, antes de que aceptáramos a Cristo, éramos llevados por los deseos de la carne, de modo que no podíamos obedecer a Dios. Si el Espíritu Santo no vive en nosotros, todavía vivimos según la ley de la carne. Aunque nuestros cuerpos están muertos a causa del pecado, somos nacidos de nuevo en el espíritu por medio de Cristo. Cualquiera que verdaderamente crea en Jesús, está cubierto por su justicia. Y si estamos cubiertos por su justicia, si su Espíritu vive en nosotros, tenemos la certeza y la esperanza de que resucitaremos para vida eterna con Dios. Los que están en Cristo Jesús son los que viven por la ley del Espíritu. Cuando andamos según las instrucciones del Espíritu Santo, Él nos da su poder para ser santificados, para vivir vidas agradables a Dios. Como resultado, podemos esperar la segunda venida de Jesús con esperanza, certeza, y confianza. Continuaremos teniendo nuestras luchas con el pecado mientras andemos con Cristo. Estaremos sujetos a tentaciones y algunas veces caeremos en ellas, pero no hay ninguna condenación en Cristo Jesús pues es su justicia la que nos salva, no la nuestra. Cuando permanecemos constantes y firmes en nuestra fe en Jesús, tenemos la esperanza de ser resucitados a una vida renovada y eterna.

Romanos 8:12-17 

Aquí Pablo muestra que estamos bajo una obligación. No vivir según nuestra naturaleza pecaminosa, que conduce a la muerte, sino según el Espíritu, que nos ayuda a vivir vidas agradables a Dios. Antes de aceptar a Cristo, vivíamos obligados a vivir una vida en la carne. Pero, porque Jesús nos ha salvado del pecado y la destrucción, ahora estamos obligados con Él, con la responsabilidad de vivir en conformidad con la voluntad del Espíritu. Y si estamos sujetos a la dirección del Espíritu Santo, no podemos ignorarlo cuando señala el pecado en nuestras vidas, cuando trata de mantenernos en el camino correcto. Las personas guiadas por el Espíritu no reciben espíritu de esclavitud, sino que son llamados hijos de Dios. Por lo tanto, podemos llamar Padre a nuestro Dios, y recibir la promesa de la herencia del reino de Dios, una herencia que viene por el hecho de ser sus hijos adoptados.

Romanos 10:1-13

La ley señala nuestra necesidad de salvación por gracia, por medio de la fe. Las ceremonias del pacto antiguo señalaban a Cristo como cumplidor de justicia, y llevando la maldición de la ley. Plena satisfacción
por nuestra transgresión de la ley fue llevada a cabo por la muerte de Cristo, y el propósito es cumplido. Esto es, Cristo ha cumplido toda la ley; por lo tanto, todo el que crea en Él es contado como justo delante de Dios, como si esa persona hubiese cumplido toda la ley. En vez de que Dios mire nuestra justicia, que es como trapos de inmundicia (Isaías 64:6), Él mira la justicia de Cristo como si fuera nuestra cuando le aceptamos a Él por fe.

Otros pasajes que se deben considerar son 1 Corintios 15:56; 2 Corintios 3, y 4:1-4.

1 Corintios 15:56-57

2 Corintios 3-4:1-4

Este pasaje indica que Dios nos ha dado una nueva clase de relación, una relación que no está basada en tablas de piedra, sino en algo que puede cambiar nuestro corazón. Algunos cristianos dicen que tenemos que seguir mirando a la ley para que nos recuerde nuestra pecaminosidad, para que sepamos qué es pecado y qué no lo es. Pero, de acuerdo con este pasaje bíblico, parece que el centro de atención no debe ser la ley, porque 2 Corintios 3:6 dice que la ley mata, pero el Espíritu da vida. Aunque el "ministerio de muerte, grabado en piedras" (los Diez Mandamientos) fue con gloria, se desvaneció a favor del "ministerio del  Espíritu", que vino con mayor gloria. La ley del pacto antiguo, descrito aquí como los Diez Mandamientos, no puede producir cambios en el corazón de la persona, pero la obra interior del Espíritu Santo puede producir cambios, y los produce. No hay ninguna ley que pueda cambiar el corazón para que pueda llevar el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-25). Además, este pasaje advierte que los que continúan mirando a la ley cuya gloria se ha desvanecido, en vez de mirar a Cristo que es el Espíritu, tienen un "velo" sobre el corazón (2 Corintios 3:14-15). No pueden ver la luz del evangelio de Cristo, ni experimentar su naturaleza liberadora y transformadora de la vida. Como cristianos, debemos mirar a Cristo, no a Moisés. Debemos permitir que el ministerio del Espíritu Santo se apodere  de nuestras vidas. Sólo al contemplar la gloria de Cristo Jesús, y no la de la ley, somos transformados a su semejanza al morar el Espíritu Santo en nuestro interior, permitiéndonos llevar el fruto del Espíritu. Porque somos transformados de acuerdo con lo que sea el centro de nuestras vidas (2 Corintios 3:18). Algunos cristianos también aseguran que los Diez Mandamientos son un reflejo del carácter de Dios. Pero, según las Escrituras, parece que Jesucristo es el perfecto reflejo del carácter de Dios. Considérese este pasaje en Hebreos 1.

Hebreos 1:1-4

Si miramos a la ley continuamente en busca de dirección, entonces la verdadera y existosa vida cristiana no puede tener lugar. En realidad, una persona en esa situación corre el riesgo de, consciente o inconscientemente, buscar la salvación guardando la ley, separándose así de Cristo y cayendo de la gracia de Dios (Gálatas 5:4). Pero, si miramos continuamente a Cristo y vivimos de acuerdo con la dirección del  Espíritu Santo, podemos experimentar un verdadero cambio interior, gozo, y paz. Esencialmente, podemos experimentar un andar victorioso con Cristo.

Efesios 2:8-22

La ley separaba a los judíos, a quienes se les dio la ley, de los gentiles. Era una barrera que mantenía, a todos los que no estaban unidos al pueblo de Israel, como dice el versículo 12, separados de "los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo". Como resultado del hecho de que Cristo cumplió la ley mediante su vida, muerte, y resurrección, la "pared divisoria" entre judíos y gentiles ha sido derribada. Todos pueden participar de la gracia y la salvación que Dios ofrece por medio de Jesucristo. Todos pueden ser parte de la familia de Dios y ser morada del Espíritu Santo, de modo que pueda tener lugar la transformación del carácter y puedan llevarse vidas piadosas. La vida piadosa se ha mencionado algunas veces antes. Pero, ¿qué es? ¿Qué significa llevar una vida piadosa?

En esencia, una vida piadosa se lleva mirando continuamente a Cristo, que es el Espíritu, y no a la ley ni a nosotros mismos. Porque, al contemplar la gloria de Cristo, somos transformados a su semejanza (2 Corintios 3:18) y hacemos naturalmente lo que es agradable a Él. Las cosas que hacemos en vida y cualesquiera motivos que tengamos para hacerlas, cayendo dentro del mandamiento de Jesucristo de amarnos los unos a los otros como él nos ama (Juan 13:34-35), constituyen la vida piadosa. No obedeciendo una serie de leyes y reglamentos que no pueden cambiar el corazón ni nuestros motivos, sino obedeciendo la dirección del Espíritu Santo y permitiéndole que transforme nuestras vidas para que podamos ser verdaderamente altruistas en nuestros tratos con nuestros prójimos. Ninguna serie de leyes ni reglamentos puede hacer que nos amemos unos a otros verdaderamente. El cambio viene de dentro, y es producido sólo por Cristo obrando en nosotros. El cambio que nos permite amarnos los unos a los otros verdaderamente (1 Corintios 13), amar y orar por nuestros enemigos (Mateo 5:43-45), ser pacificadores (Mateo 5:9), ver las necesidades de nuestro prójimo (Santiago 2:15-18; 1 Juan 3:17-18), ser hospitalarios con los extranjeros (Hebreos 13:2), fieles en nuestro matrimonio (Hebreos 13:4), consolar a los que están tristes o adoloridos (2 Corintios 1:3-4), alentarnos unos a otros en la fe (1 Tesalonicenses 5:11; Hebreos 10:23-25), y apartarnos de cualquier cosa que pueda estorbar nuestra relación con Cristo (Mateo 5:29-30; 2 Timoteo 2:19). Todas estas cosas son parte de llevar una vida piadosa. Hacer buenas obras, no para ganar la salvación, pues no hay absolutamente nada que podamos hacer para ganarnos la gracia de Dios o el don de su salvación, sino como resultado de la verdadera fe y la obra interior del Espíritu Santo, de acuerdo con el evangelio de Jesucristo y para su gloria.